Hiperactividad. Artículo periodístico Dr Hormaechea

Hiperactividad. Artículo periodístico Dr Hormaechea

Niños inquietos, adultos ausentes

(EL MUNDO)
• Muchos adolescentes y adultos sufren hiperactividad y no están diagnosticados
• Puede derivar en problemas laborales y adicción a las drogas o al alcohol
Ángel Díaz | Madrid

‘Felipe El Inquieto’, protagonista de un poema infantil decimonónico, está sentado en la mesa; sus padres se preguntan si, por una vez, será capaz de portarse bien y comer como es debido. Pero el niño no se puede estar quieto: se columpia sobre las patas traseras de la silla hasta que pierde el equilibrio, trata de sostenerse agarrando el mantel y acaba en el suelo enterrado bajo platos, cubiertos y manjares.
Mar, personaje central de un nuevo cómic divulgativo publicado en España, es una joven diseñadora que ha logrado un empleo como comercial. Su primer cliente le pide un encargo para la publicidad de un supermercado, pero Mar no escucha. Aunque intenta prestar atención, se distrae con cualquier cosa, o se entusiasma demasiado, o simplemente tropieza. Cuando sale de la reunión, ni sus clientes ni ella tienen claro de qué han estado hablando.
Las dos historias muestran síntomas de una misma enfermedad, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, conocido por sus siglas TDAH. Entre ellas, sin embargo, se interpone un siglo y medio y una concepción radicalmente distinta del problema. Lo que antes eran sólo niños que se portaban mal, ahora son personas que siguen un tratamiento. Al menos, así lo son quienes han sido diagnosticados.
El TDAH afecta a entre un 4% y un 7% de la población infantil, pero también ataca, en contra de la creencia popular, a adolescentes y adultos, a los que puede arruinar la vida laboral o incluso empujar al alcohol y las drogas. Con el fin de llamar la atención sobre este problema, que a menudo se diagnostica mal o tarde, el doctor Juan Antonio Hormaechea, jefe de Psiquiatría del Hospital Quirón Vizcaya, acaba de publicar un libro, junto al artista y dibujante Roberto Bergado, que muestra todos los síntomas de esta dolencia reunidos en un mismo personaje: la joven diseñadora antes citada.
‘Atenta’, editado por la farmacéutica Janssen Cilag, es un libro mitad cómic, mitad ensayo, cuyo propósito es divulgar los pormenores de esta enfermedad con la esperanza de que eventuales lectores puedan verse reconocidos y acudan al especialista en busca de ayuda. «Es una cuestión de que se vean reflejados en los síntomas, se produce un efecto espejo», relata Hormaechea a ELMUNDO.es. «Hemos camuflado en la historia todos los criterios de diagnóstico que existen para el TDAH».
La enfermedad, que tiene un componente hereditario, se origina por un déficit de dopamina, una hormona que cumple funciones neurotransmisoras. Sus principales síntomas son la hiperactividad, la impulsividad y el déficit de atención. Los dos primeros tienden a disminuir con la edad; pero la falta de atención, no tanto. «Un 50% de los síntomas pasan a la adolescencia y la edad adulta», señala Hormaechea. «El TDAH no tratado puede generar muchos conflictos sociales y laborales en la vida del adolescente y del adulto con TDAH no tratado, pero también genera consecuencias negativas en su entorno. Existe una relación directa y demostrada entre el TDAH y las adicciones, especialmente con las drogas y el alcohol», concluye el experto.
Aceptación tardía
El TDAH no ha sido aceptado como enfermedad en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales hasta el año 2000. Antes, se conocían sus síntomas pero se asociaban a la falta de educación o el mal comportamiento. El médico alemán Heinrich Hoffman describió tanto la hiperactividad como el déficit de atención en su célebre libro para niños ‘Pedro El Greñudo’ (‘Struwwelpeter’), publicado a mediados del siglo XIX (y reeditado en 2008 por Hormaechea y Bergado). Sus páginas muestran, junto al inquieto Felipe y un tal Juanito tan despistado que se cae al río mientras camina, un auténtico catálogo de ‘maldades’ asociadas a la infancia y que derivan en toda clase de catástrofes. O, como mínimo, en que los Reyes no traigan regalos.
Los expertos consideran hoy, sin embargo, que algunos de estos niños malos eran realmente enfermos. En palabras de Idoia Loroño, presidenta de la Asociación Vizcaína de TDAH, «es importante que los afectados acepten que padecen un TDAH y que no se culpabilicen por su comportamiento, sino que, todo lo contrario, busquen un buen diagnóstico y tratamiento«. El más adecuado, según Hormaechea, sería la combinación de fármacos y psicoterapia.

Hiperactividad . Entrevista periodística

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JUAN ANTONIO HORMAETXEA PSIQUIATRA
«Lo más difícil es diagnosticar bien a un niño con déficit de atención»
Especialista en el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, Juan Antonio Hormaetxea señala que lo más difícil es hacer el diagnóstico
OLGA SÁEZ – Sábado, 12 de Abril de 2014 –

Juan Antonio Hormaetxea con uno de los libros que ha publicado. (deia)
BILBAO. Juan Antonio Hormaetxea, médico especialista en psiquiatría, se ha formado en Inglaterra y Estados Unidos, pero además, su empatía con los niños y adolescentes que padecen TDAH está avalada por su propia experiencia: también él fue un niño hiperactivo. Hormaetxea es partidario de recurrir a la medicación sólo en caso necesario y, siempre, de la mano de la psicoterapia.

¿Qué diferencia hay entre un niño con déficit de atención, un mal estudiante o un travieso?
-Hasta hace pocos años no se disponía de instrumentos de evaluación para el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Un TDAH no tratado te puede llevar al fracaso escolar y puedes ser un mal estudiante por tener un TDAH. Lo que está claro es que un niño tiene que moverse, ser activo, pero no por eso tiene que ser necesariamente hiperactivo. En esos casos, los síntomas tienen que tener una frecuencia y una intensidad que afecten a su vida diaria. Además, se debe manifestar en diferentes ámbitos, por ejemplo, en clase, en casa y en la consulta. Porque sí ha habido una tendencia, y es una crítica merecida que hemos recibido, de que se medicaba con demasiada ligereza.

Otra de las cosas que inquietan es que a un mismo niño se le puede considerar movido o hiperactivo. ¿Es difícil diagnosticar?
-Depende de los síntomas que tenga. Por ejemplo, el déficit de atención es más frecuente en los niños que en las niñas. El diagnóstico se puede confundir porque puedes tener falta de atención sin ser muy movido. Y también hay otro mito y es lo que me pasó a mí. Yo he sido muy hiperactivo, muy impulsivo pero no tenía falta de atención. Sacaba buenas notas y entonces mi comportamiento lo achacaban a falta de educación. Además, la hiperactividad y la impulsividad tienden a remitir con el tiempo.

¿Qué signos son la alarma que deben tener en cuenta los padres para que tampoco todos los niños traviesos o despistados pasen por la consulta de un psiquiatra?
-Si son muy pequeños, que no vean el peligro, crucen sin cuidado, dificultades para dormir, niños llorones, falta de control de los impulsos, desafiar, retar y sobre todo, cuando eso ocurre con una frecuencia importante y una intensidad. Luego hay datos que se pueden ver desde pequeños. La base del déficit de atención es genética. Lo que pasa es que de adulto se manifiesta de otra forma. Pero hay un 80% de heredabilidad, es decir, de vulnerabilidad, ser más propensos a la enfermedad. Hay factores ambientales que lo desencadenan como pueden ser determinadas infecciones durante el embarazo, un parto complicado o con fórceps, que te hayas dado un golpe en la cabeza… son datos orientativos.

¿Qué edad es la más adecuada para hacer un diagnóstico?
-Lo ideal es entre 5 y 15 años. Se puede hacer pronto incluso con 3 o 4 años, pero hay que esperar porque muchos de estos síntomas van remitiendo.

Dice usted que es genético en un 80%, de los casos ¿cómo se explica que muchos de los niños adoptados sean diagnosticados de TDAH?
-Se hereda la vulnerabilidad, la tendencia que tu tienes. Es cierto que muchos niños que son adoptados de países del Este presentan este síndrome porque en estos países tienen muchos problemas con el alcohol. Hay el síndrome alcohólico fetal, si la madre ha ingerido alcohol durante el embarazo tienen este síndrome, además de presentar un déficit cognitivo.

Por lo general los psiquiatras recurren la mayor parte de las veces, por no decir siempre, a la medicación ¿es el único tratamiento?
-La medicación viene después de sopesar y saber los posibles efectos secundarios que puede provocar y con el objetivo de que el chaval vaya a tener una clara mejoría. La medicación controla los síntomas, pero también mejora la autoestima y la tolerancia a la frustración. Primero hay que intentar con la sicoterapia. Y también alternativas naturales, sobre todo en niños en los que no hay fracaso escolar y es un problema de impulso más que de conducta.

¿Hay profesionales de la salud mental que dicen que la medicación del TDAH es como las anfetaminas en un niño?
-Lo que se está comercializando a día de hoy en Europa no tiene nada que ver con las anfetaminas. Hay estudios que demuestran que chavales que de niños tomaron medicación durante periodos de tiempo prolongados, esa medicación les ha prevenido frente a un consumo posterior de determinadas substancias, así como de desarrollar trastornos de personalidad.

¿Están preparados los colegios para atender a estos niños?
-Hemos sufrido muchas cosas, pero ahora de cara a la selectividad o al examen de grado superior hemos conseguido que corroborando un diagnóstico de TDAH se les haga el examen en base a su dificultad. Se les deja algo más de tiempo, en un lugar alejado de zonas de distracción… y también en colegios e ikastolas se aplica en protocolos específicos para estas personas porque es muy importante que no se les estigmatice.

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